Palabras de poetas o escritores, de sabios o estudiosos, de famosos o desconocidos, palabras de hace mil años, de ahora y de siempre - palabras eternamente válidas.



Palabras que leí o escuché y que en algún momento me sirvieron de consuelo, de explicación o justificación de algún suceso que me (pre)ocupaba o me entristecía, palabras de donde sacar fuerzas en la desesperación o, simplemente, palabras que me hicieron sonreir.

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Día de la Paz

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Ofensas

No es necesario que exista un ofensor consciente para que alguien se sienta agraviado, ni siquiera que el ofensor sea una persona. Se puede ofender consciente o inconscientemente, sin quererlo, sin saberlo o por el mero hecho de existir. Para convertirse en ofensor, sólo es precisa la existencia de una persona que sea susceptible de sentirse ofendida.

Muchas veces son personas inseguras, posesivas y poco asertivas, con bajo nivel de desarrollo de su proyecto de vida y con un pensamiento rígido. Nada hay más dañino que alguien descontento movido por el pánico y la desconfianza; desde su impotencia, puede decidir que su única opción para salir adelante es hundir a los demás.

Podemos percibir la ofensa como un peligro ante el que vamos a reaccionar, o como una oportunidad a la que vamos a responder. En el primer caso, la negaremos o retendremos, acumulando agresividad y toxicidad en nuestro interior; incluso podemos dar salida a nuestra agresividad con actitudes violentas. En el segundo caso, canalizamos asertivamente las emociones caóticas de forma que nuestra respuesta supone dar un paso adelante en nuestro proceso de crecimiento personal.

Una piedra en el camino y... el distraído tropezó con ella. El violento la usó de proyectil. El emprendedor construyó con ella. El campesino la usó de asiento. Los niños jugaron con ella. Drummond la poetizó. David, con ella, mató a Goliat. Y Miguel Ángel la transformó en una bella escultura. La diferencia no era la piedra sino quién la encontró.

Si te sientes agraviado, la ofensa puede ayudarte a conocerte mejor y así ajustar tus creencias para dar una respuesta más ecológica. Rechaza opciones como la agresión o la represión tóxica de tus emociones. Reconoce que tanto tú como tu ofensor os merecéis una nueva oportunidad para aprender y mejorar. Sé generoso contigo mismo y deja de agredirte por haber permitido la ofensa. Compadece al mismo tiempo a tu ofensor por no haber sabido actuar mejor.

El perdón es un acto de voluntad necesario para que las heridas causadas por la ofensa dejen de sangrar y puedan cicatrizar. Busca tu propia fórmula para soltar la ofensa, deja de ahondar en la herida y quédate sólo con lo que has aprendido de esa experiencia. Así podrás avanzar hacia el perdón, un bálsamo para recuperar el equilibrio perdido y, si así lo decides, hacia la reconciliación, que es un paso superior al perdón, pues permite el reencuentro con el otro.

Si, por contra, eres el ofensor, toma conciencia del dolor y el daño que puedes haber causado. Reconoce tus emociones, ponles un nombre. Observa tu soledad, tu sentimiento de culpa, tu angustia, tu remordimiento, tu decepción, tu desconexión, tu sufrimiento y tu división interna. Trabaja la empatía, ponte en el lugar del otro.

No basta con que pidas disculpas al otro, es importante que previamente te perdones a ti mismo tu falta de amor y de competencia emocional. Aplica la benevolencia y la humildad; piensa que todos nos equivocamos y que todos podemos mejorar. Suelta la culpa y quédate con un aprendizaje de crecimiento personal.

(Jaume Soler, Sin ánimo de ofender)

Prioridades

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.

El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.

El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y, efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían.

Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen éstas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche... La arena es el resto de las pequeñas cosas. Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo el nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena".

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaban las cervezas. El profesor sonrío y le dijo: "Me encanta que me hagas esta pregunta! La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo"

Duelo

En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.
J. MONTOYA CARRAQUILLA

Únicamente aquellos que evitan el amor, pueden evitar el dolor del duelo. Lo importante es crecer a través del duelo, y seguir permaneciendo vulnerables al amor.
JOHN BRANTNER

Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente.
MARCEL PROUST

El amigo que está en silencio con nosotros en un momento de angustia o incertidumbre, que puede compartir nuestro pesar y desconsuelo... y enfrentar con nosotros la realidad de nuestra impotencia, ése es el amigo que realmente nos quiere.
HENRI NOUWEN

El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas.
W. SHAKESPEARE.

El que acepta sufrir, sufrirá la mitad de la vida; el que no acepta sufrir, sufrirá durante su vida entera.
CONFUCIO

Recordar es el mejor modo de olvidar.
SIGMUND FREUD

Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.
HELLEN KELLER

(Tomado de Vivir la pérdida)

Los buenos propósitos

Con la entrada de un nuevo año suelen despertarse las ansias de cambio, el deseo de mejorar, de cumplir nuestros sueños. Es un paso importante para lograr un cambio en nuestra vida. Lamentablemente, muchos de esos buenos propósitos resultan tan efímeros que se esfuman a los pocos días.

Cada año aseguramos que será el definitivo, aquel en el que con toda seguridad nuestras intenciones se convertirán por fin en hechos... Pero, luego, nos dejamos llevar por la rutina, por la comodidad, por el olvido... Solemos empezar con mucho ánimo, pero pasado el primer momento de ilusión y euforia, empezamos a flaquear.

Pero no todo es culpa de la falta de voluntad. En muchas ocasiones, los propósitos están mal planteados desde el principio, no se ha sabido dar con la manera adecuada de formularlos y afrontarlos, y por eso no se cumplen.

Son dos los errores más frecuentes que cometemos cuando adoptamos buenos propósitos de año nuevo: tendemos a escoger objetivos demasiado generales y tenemos expectativas poco razonables. El primer paso para plantearnos un propósito es definirlo muy bien, concretarlo, hacerlo lo más específico posible. Por otra parte, no debemos proponernos cosas que no dependan exclusivamente de nosotros.

  • Concentra tus esfuerzos en un objetivo. Puedes hacer una lista con varios propósitos, pero recuerda que entonces existe el peligro de acabar dispersándote. Muchas veces, es mejor abordar una sola meta.
  • Sé muy específico. "Ser mejor persona, ser mejor estudiante, comer sano"... son objetivos muy vagos y generales que no nos dejan claros qué pasos intermedios debemos adaptar para alcanzarlos. Ideas como: "Expresar más gratitud hacia los demás, mejorar mis notas en matemáticas o comer cinco piezas de fruta o verdura al día" son objetivos concretos que permiten elaborar planes de acción.
  • Divide cada meta en etapas que te resulten asequibles. Los pequeños cambios o retos son siempre más sencillos de alcanzar que las grandes metas. Si subdivides el objetivo, lograr cada paso será un aliciente para continuar hasta llegar al final.
  • Anota los pasos clara y ordenadamente. Ya sabemos que el tiempo puede hacernos olvidar que un día tomamos una decisión. No olvides y sé ingenioso para no perder de vista tu objetivo.
  • Establece un plan de acción bien concreto y eficaz. Tienes que prever todos los problemas, obstáculos, dificultades y sorpresas que puedan surgir en el camino y estar preparado para solucionarlos.
  • Visualízate con tu propósito cumplido. Date ánimos y felicítate por ser constante y por todos los esfuerzos que realizas para conseguir tu propósito. No pierdas nunca la esperanza y sé optimista respecto al futuro.
  • Comparte tu objetivo con personas cercanas, familiares o amigos, ellos te brindarán ánimo y apoyo. Pide que te ayuden a perseverar hasta lograr el éxito.
  • Valora cada uno de los resultados que vayas obteniendo. Ayuda muchísimo comprobar cómo cada día estás más cerca del propósito marcado. Superar pequeños retos irá aumentando tu autoconfianza.
  • Prepárate para las recaídas. Es normal que aparezca un regreso momentáneo al comportamiento que estás tratando de cambiar. Siempre ocurre, es lo habitual. Pero, en lugar de darlo por perdido, acepta lo sucedido y sigue avanzando.

Recuerda que cambiar determinadas actitudes no es sencillo, se trata de un proceso lento que requiere esfuerzo y compromiso; pero esa misma dificultad hará que luego valores más lo conseguido.

(Beatriz Vera, Revista Mente Sana)