Palabras de poetas o escritores, de sabios o estudiosos, de famosos o desconocidos, palabras de hace mil años, de ahora y de siempre - palabras eternamente válidas.



Palabras que leí o escuché y que en algún momento me sirvieron de consuelo, de explicación o justificación de algún suceso que me (pre)ocupaba o me entristecía, palabras de donde sacar fuerzas en la desesperación o, simplemente, palabras que me hicieron sonreir.

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Los buenos propósitos

Con la entrada de un nuevo año suelen despertarse las ansias de cambio, el deseo de mejorar, de cumplir nuestros sueños. Es un paso importante para lograr un cambio en nuestra vida. Lamentablemente, muchos de esos buenos propósitos resultan tan efímeros que se esfuman a los pocos días.

Cada año aseguramos que será el definitivo, aquel en el que con toda seguridad nuestras intenciones se convertirán por fin en hechos... Pero, luego, nos dejamos llevar por la rutina, por la comodidad, por el olvido... Solemos empezar con mucho ánimo, pero pasado el primer momento de ilusión y euforia, empezamos a flaquear.

Pero no todo es culpa de la falta de voluntad. En muchas ocasiones, los propósitos están mal planteados desde el principio, no se ha sabido dar con la manera adecuada de formularlos y afrontarlos, y por eso no se cumplen.

Son dos los errores más frecuentes que cometemos cuando adoptamos buenos propósitos de año nuevo: tendemos a escoger objetivos demasiado generales y tenemos expectativas poco razonables. El primer paso para plantearnos un propósito es definirlo muy bien, concretarlo, hacerlo lo más específico posible. Por otra parte, no debemos proponernos cosas que no dependan exclusivamente de nosotros.

  • Concentra tus esfuerzos en un objetivo. Puedes hacer una lista con varios propósitos, pero recuerda que entonces existe el peligro de acabar dispersándote. Muchas veces, es mejor abordar una sola meta.
  • Sé muy específico. "Ser mejor persona, ser mejor estudiante, comer sano"... son objetivos muy vagos y generales que no nos dejan claros qué pasos intermedios debemos adaptar para alcanzarlos. Ideas como: "Expresar más gratitud hacia los demás, mejorar mis notas en matemáticas o comer cinco piezas de fruta o verdura al día" son objetivos concretos que permiten elaborar planes de acción.
  • Divide cada meta en etapas que te resulten asequibles. Los pequeños cambios o retos son siempre más sencillos de alcanzar que las grandes metas. Si subdivides el objetivo, lograr cada paso será un aliciente para continuar hasta llegar al final.
  • Anota los pasos clara y ordenadamente. Ya sabemos que el tiempo puede hacernos olvidar que un día tomamos una decisión. No olvides y sé ingenioso para no perder de vista tu objetivo.
  • Establece un plan de acción bien concreto y eficaz. Tienes que prever todos los problemas, obstáculos, dificultades y sorpresas que puedan surgir en el camino y estar preparado para solucionarlos.
  • Visualízate con tu propósito cumplido. Date ánimos y felicítate por ser constante y por todos los esfuerzos que realizas para conseguir tu propósito. No pierdas nunca la esperanza y sé optimista respecto al futuro.
  • Comparte tu objetivo con personas cercanas, familiares o amigos, ellos te brindarán ánimo y apoyo. Pide que te ayuden a perseverar hasta lograr el éxito.
  • Valora cada uno de los resultados que vayas obteniendo. Ayuda muchísimo comprobar cómo cada día estás más cerca del propósito marcado. Superar pequeños retos irá aumentando tu autoconfianza.
  • Prepárate para las recaídas. Es normal que aparezca un regreso momentáneo al comportamiento que estás tratando de cambiar. Siempre ocurre, es lo habitual. Pero, en lugar de darlo por perdido, acepta lo sucedido y sigue avanzando.

Recuerda que cambiar determinadas actitudes no es sencillo, se trata de un proceso lento que requiere esfuerzo y compromiso; pero esa misma dificultad hará que luego valores más lo conseguido.

(Beatriz Vera, Revista Mente Sana)

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